El objeto del presente trabajo es dejar sentados aquellos
fundamentos que, escondidos detrás de realidades cotidianas, me
llevan a poner en duda el tan mentado Será Justicia. Tal
vez el sesgo de apasionado propio de mi persona me condujo a
inmiscuirme en un camino hasta el momento no recorrido echando
algo de luz en mi visión sobre el funcionamiento de la justicia
de menores; llegando a sostener así, con más fuerza aún, la
violencia institucional ejercida contra los seres más
vulnerables y débiles de la sociedad acrecentando su trauma
maltratante.
No es mi intención teorizar sobre el abuso sexual infantil
sino tan solo volcar en estas líneas los diferentes aspectos y
matices recogidos de la investigación efectuada. Tampoco
pretendo convertir la opinión de los expertos (sea trabajadora
social, psicóloga) y víctimas en verdades irrefutables, sino
poner en evidencia las fallas originadas en el ejercicio del
control social y la ausencia de respeto a la Convención de los
Derechos del Niño por las personas encargadas de proteger a los
menores.
A los fines de abordar el tema en análisis creo necesario
realizar un desarrollo de determinadas cuestiones y conceptos.
2- El niño a lo largo de la historia:
La imagen más difundida del niño pequeño es la de un ser
incompleto: ella tiene un asidero real en la inmadurez del
recién nacido humano, inmadurez que, en algunos aspectos, no se
encuentran en otras especies animales. Sin embargo, hoy sabemos
que dicha imagen no considera adecuadamente y en su real
magnitud la gran complejidad y riqueza del niño. Además tiene
una fuerte carga valorativa subyacente en el sentido de restar
valor a ese "ser inacabado" hasta que el mismo no completa un
cierto tramo de su maduración y desarrollo. Por ello se le
suele asignar al niño un valor considerablemente menor que el
asignado al adulto. Esta desvalorización aparece como un hecho
generalizado desde los inicios de la historia. El hombre, en muy
diferentes épocas y culturas ha sido, muchas veces, violento y
agresivo con el niño. Por muchos siglos se lo consideró una
carga y se justificó su abandono, castigo corporal y aún su
asesinato.
Alrededor del 1600 A.C. en Babilonia, el niño recibía su
nombre poco después de nacer, ya que sin él no tenía una
existencia social. Fue reprobado el infanticidio y el abandono
de niños, y no se hallaron documentos de la existencia de su
venta.
En Egipto , el hijo era el objetivo obligado de la familia,
no existía en el nacimiento, al parecer, ninguna discriminación
de sexo: "Alimenten a todos los hijos por igual" (Estrabón), en
la sociedad faraónica, el niño es valorado como tal y se le
brinda un medio ambiente favorable para su desarrollo.
En Grecia (siglo IV y V A.C.) el nacimiento se producía en
el hogar, a los diez días de su nacimiento en una ceremonia
llamada Ampidromía, el recién nacido recibía un nombre y era
reconocido por su progenitor como su hijo legítimo. Además no
existía la relación madre-hijo en esta sociedad y por lo tanto
la crianza a nivel familiar y privada. Platón en su libro la
República dice: " las madres de senos rebosantes de leche serán
conducidas al hogar para que alimenten, a ciegas y en el
anonimato, a uno u otro de los hijos de la patria: se hará todo
lo necesario para que no puedan identificar y elegir sus propios
vástagos. Los mejores de los recién nacidos serán confiados a
nodrizas alojadas en un barrio especial de la ciudad."
Arispito , discípulo de Sócrates en el siglo IV A.C. dice:
que un hombre podría hacer lo que quisiera con sus hijos pues
"¿no nos desprendemos de nuestra saliva, de los piojos y de
otras cosas que no sirven para nada y que sin embargo son
engendradas y alimentadas incluso en nuestras propias
personas?".
Séneca , siglo I D.C, decía " a los perros locos les damos
un golpe en la cabeza; al buey fiero y salvaje lo sacrificamos;
a la oveja enferma la degollamos para que no contagie al
rebaño; matamos a los engendros; ahogamos incluso a los niños
que nacen débiles y anormales. Pero no es la ira, sino la razón
la que separa lo malo de lo bueno." Además del infanticidio que
se practicaba los niños eran ofrecidos en sacrificio, a los
abandonados para que mueran , a los vendidos por esclavos y a
los mutilados deliberadamente para mendigar.
En la sociedad romana, el padre aceptaba o rechazaba al hijo,
abandonarlo o sacrificarlo era algo corriente. En el Derecho
Familiar Romano, el padre tenía poder sobre la vida o muerte de
los hijos, pudiendo dejar expuestos a los niños para que
murieran o venderlos como esclavos. Durante los primeros dos
meses de vida se mantenía el cuerpo tieso mediante fajas
estrechas, ajustadas en las partes del cuerpo que se querían
afinar. Luego se le iban aflojando poco a poco las fajas,
primero el brazo derecho a fin de que fuera diestro. En cuanto
a la alimentación, niños y niñas eran sometidos desde su
nacimiento a un severo racionamiento. Los castigos corporales
eran frecuentes. Los aprendizajes se realizaban a través de
reprimendas y golpes.
Durante la Edad Media (siglo X al XV) 1 de cada 3 niños moría
antes de cumplir el año, por lo cual se pensó que los hijos no
eran valorados, corrobora esto las pocas alusiones a los
herederos y los pocos textos relacionados al tema de la niñez,
pero descubrimientos arqueológicos bastantes recientes como,
muñecas de terracotas, comidita de plomo, abrieron el debate de
la ambivalencia del reconocimiento de la infancia. El cuidado
del recién nacido era exclusivo de la madre. La lactancia duraba
alrededor de 2 a 3 años y en las clases más ricas estaba, a
veces, en manos de una nodriza. Luego de ese tiempo la educación
y el cuidado del niño estaban a cargo del padre hasta la edad
de 14- 15 años. Se recibía de distinta forma al niño y a la
niña. Los varones eran deseados porque perpetuaban el linaje y
el nombre paterno y es probable que las niñas fueran rechazadas.
En la legislación religiosa y civil de esta etapa consideraba un
delito el asesinato del recién nacido, siendo solamente admitido
en situaciones de extrema pobreza de la madre.
El abandono de los niños era frecuente en esta época ya sea
la entrega a una ama de cría, la internación en monasterios o
conventos, la cesión a otras familias en adopción o como criado.
Si se quedaban en sus casas se encontraban en una situación de
grave abandono afectivo. Las amas de cría maltrataban tanto a
los niños que generalmente morían por las golpizas pero eso no
era criticado, si lo era, que al ser amamantados los niños
recibían en sus cuerpos, de clase superior, la sangre de mujeres
de condición inferior.
Entre los siglos XV y XVII existía una ambivalencia porque el
niño empieza a tomar contacto afectivo con los padres, pero,
para ellos sigue representando (su hijo) peligros. Los manuales
de instrucción infantil recomendaban los castigos corporales
frecuentes y preventivos, se los seguía envolviendo en fajas,
como en los siglos anteriores, restringiendo sus movimientos.
Durante los primeros años de vida se les impedía movilizarse
libremente por el uso de fajas, corset, se los ataba a
espalderas o se les< colocaba los pies en el cepo mientras
estudiaban, se usaban collares de hierro y otros elementos para
corregir las posturas. Además se les restringía el consumo de
alimentos tanto a los niños ricos como pobres y sobre todo a las
nenas, ya que se suponían que debían tomar pequeñas cantidades
de comida y poca o ninguna carne. Pero se le suministraba
bebidas alcohólicas u opio para que no
lloraran.Los padres también controlaban lo que sucedía en el
interior del cuerpo de sus hijos y usaban purgas, supositorios
y enemas para eliminar la suciedad porque suponían que los
intestinos de los pequeños encerraban una materia que se dirigía
al mundo del adulto con insolencia, en tono amenazador, con
malicia e insubordinación.
Los adultos en el siglo XVIII dejaron de considerar peligroso
el interior del niño pero se les atribuyó un alma salvaje y
maligna. Debiéndolos controlar mediante el dominio de la mente
infantil reprimiendo las necesidades propias de la infancia, las
rabietas, la masturbación, la voluntad infantil. Los castigos
físicos son reemplazados por el confinamiento y el encierro en
cuartos oscuros durante horas o días. En los últimos años del
siglo XVIII se produce un cambio radical: la imagen de la madre
es revitalizada, comienzan a aparecer publicaciones que
aconsejan a las madres a ocuparse personalmente de sus hijos.
Con el amamantamiento de parte de la madre, se va abandonando el
uso de fajas permitiendo que el niño juegue con su madre, que
esta lo acaricie y lo bese.
Se puede decir que se inicia en la sociedad, una nueva manera
de vivir, que continuará en el siguiente siglo, y que tiene como
uno de sus ejes importantes, el de los vínculos familiares. Sin
embargo hasta fines del siglo XIX se terminará, no del todo, el
sistema de nodrizas y el abandono de los niños por parte de
madres muy humildes que necesitaban trabajar. Es elocuente el
discurso de la Sociedad Protectora de la Infancia, fundada en
Francia entre 1865 y 1870, la cual manifiesta que la sociedad
está más a favor de los animales que a favor de los niños
pequeños.
La aparición de una medicina especializada en la infancia, se
produce recién en el año 1872 con el nombre de "pediatría".
El cristianismo durante siglos elaboró, a través
especialmente de la figura de San Agustín, una imagen dramática
de la infancia. Él describe a la criatura humana como un ser
ignorante, apasionado, caprichoso, que al nacer es imperfecto y
que está agobiado por el peso del pecado original y además
afirmaba que la inocencia infantil no existe. El valor de la
infancia es absolutamente negativo y solo existe una ausencia
de verdadera voluntad. Debido a esta concepción el niño es
acusado de graves pecados y condenado de acuerdo a las normas
del adulto.
Cristo sí, valoriza al niño, por ejemplo cuando responde a
sus discípulos:
"En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le
preguntaron:1,¿Quién es pues el mayor en el Reino de los
Cielos?.2, Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos, 3, y
dijo: yo os aseguro, sino cambiáis y os hacéis como los niños
no entraréis en el Reino de los Cielos. 4, Así pues quien se
haga pequeño como este niño éste es el mayor en el Reino de los
Cielos. Y el que recibe un niño como éste en mi nombre a mí me
recibe. Pero el que escandalice a uno de estos pequeños que
creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas
piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo
profundo del mar..." (Rascovsky, 1981)
Cristo dentro de sus enseñanzas, valoriza a la infancia dándole
un lugar de privilegio.
Se observa que dentro de la doctrina cristiana hay controversias
acerca de la valorización de la niñez.
El siglo XX se caracteriza por la socialización del niño en
reemplazo de la dominación de su voluntad como sucedía en el
siglo anterior. Aparecen distintas teorías psicológicas que se
interesan en investigar acerca de la percepción del mundo, de
los pensamientos de los pequeños. Por otra parte la
incorporación de la madre al mercado laboral, el padre y la
madre comparten la responsabilidad y el cuidado de los hijos.
En 1946, las Naciones Unidas crean la UNICEF (United Nacions
International Children's Emergency Fundation), cuyo objetivo
principal es el de ayudar a los niños que carecen de una buena
alimentación, educación y cuidados. En 1959 se aprueba la
Declaración Universal de los Derechos del Niño y en 1989 se
promulga La Convención Internacional sobre los Derechos del
Niño.
Sin embargo, los niños muchas veces son el grupo más
vulnerable y menos protegido de la sociedad. La infancia como
otras clases improductivas, suele ser socialmente marginada.
Además el rechazo, el desinterés y la desvalorización a través
de la historia de la humanidad persisten en nuestros días con
relación a la infancia.
3- ¿Qué es el abuso sexual infantil?
Una de las definiciones más completas del abuso sexual
infantil (A.S.I.) es la elaborada por el National Center of
Child Abuse and Neglect (NCCAN). Según esta agencia federal
norteamericana, comprende " los contactos e interacciones
entre un niño y un adulto, cuando el adulto (agresor) usa al
niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra
persona. El abuso sexualtambién puede ser
cometido por una persona menor de 18 años, cuando ésta es
significativamente mayor que el niño (la víctima) o cuando (el
agresor) está en una posición de poder o control sobre otro
menor "1.
Los abusos sexuales se definen a partir de dos grandes
conceptos: el de coerción y el de la diferencia de edad entre
agresor y víctima. "La coerción (con fuerza física, presión o
engaño) debe ser considerada por sí misma criterio suficiente
para que una conducta sea etiquetada de abuso sexual del menor,
independientemente de la edad del agresor". La diferencia de
edad impide la verdadera libertad de decisión y hace imposible
una actividad sexual común, ya que los participantes tienen
experiencias, grado de madurez biológica y expectativas muy
diferentes. "Esta asimetría supone en sí misma un poder que
vicia toda posibilidad de relación igualitaria".
Esta definición nos enfrenta con el hecho que el A.S.I.
sucede siempre dentro de un grupo familiar primario (familia) o
secundario (institución), con una trama social compartida. Este
síntoma social, es entonces, un emergente sintomático de un
sistema familiar e institucional, cuya estructura inconsciente
contiene en su historia un suceso de abuso como germen de la
repetición actual.
El abuso no es solo y aisladamente cosa de un abusador. Tampoco
problema exclusivo de la víctima a quien en función y so
pretexto de cuidarla se toman todo tipo de medidas de protección
insensatas. Muchas intervenciones comienzan y terminan con la
exclusión del abusador, a quien se lo sanciona o no, pero no se
lo entiende como siendo parte de una trama, de una red social
que permite o facilita su acción.
A continuación se detallan las conductas y prácticas que
pueden incluirse en la categoría del abuso sexual.
3.1. Conductas físicas:
El abuso sexual comprende un amplio abanico de conductas
físicas:
Violación (penetración en la vagina, ano o boca con
cualquier objeto sin el consentimiento de la persona).
Penetración digital (inserción de un dedo en la vagina o
en el ano).
Exposición (mostrar los órganos sexuales de una manera
inapropiada, como en el exhibicionismo).
Coito vaginal o anal.
Penetración anal o vaginal con un objeto.
Caricias (tocar o acariciar los genitales de otro,
incluyendo forzar a masturbar para cualquier contacto
sexual, menos la penetración).
Contacto genital oral.
Obligar al niño a que se involucre en contactos sexuales
con los animales.
3.2. Explotación sexual:
Además de las conductas físicas, los abusos comprenden la
explotación sexual. Es decir:
Implicar a menores de edad en conductas o actividades
que tengan que ver con la producción de pornografía.
Promover la prostitución infantil.
Obligar a los niños a ver actividades sexuales de otras
personas.
También se consideran abusos conductas sexuales sin contacto
físico como las peticiones sexuales y el voyeurismo.
Así, el abuso sexual infantil se convierte en un fenómeno:
de deshumanización, y que como tal, tiene consecuencias
detectables aunque sean numerosas la cantidad de defensas
inconscientes instrumentadas, para no ver ni aceptar, que se
interponen ante la evidencia del abuso.
de aparición frecuente en la vida cotidiana a través de
síntomas de todo tipo.
Desintegrador del psiquismo del niño abusado ya que se
impide su adecuada subjetivación.
El abuso intrafamiliar va en sentido contrario de lo necesario
para la crianza humana, vaciando de sentido y función al
sistema familiar en que esto tiene lugar. La cría humana
necesita de la abstinencia y renuncia de los padres a su total
posesión, este tipo de funcionamiento social tiene su origen en
la obediencia al Tabú del incesto, ley fundamental de la
sociedad y cultura que impone la prohibición de las relaciones
sexuales entre padres e hijos, llegando a incluir a toda
relación sexual en general entre adultos y menores, aún los no
relacionados familiarmente.
3.3. Indicadores Físicos de Abuso Sexual
·
Dificultad para caminar o sentarse.
·
Dolor, hinchazón o picazón en la zona genital.
·
Dolor al orinar.
·
Enfermedades transmitidas sexualmente.
·
Contusiones, laceraciones o sangramiento en los genitales
externos, la vagina o área anal.
·
Embarazo especialmente en la adolescencia.
Indicadores de comportamiento
Reacciones similares a las precipitadas por cualquier otro
stress severo
·
Comportamiento regresivo en niños pequeños, ej. mojan la cama,
se chupan el dedo, etc.
·
Miedos repentinos o fobias, ej. a la oscuridad, a los hombres,
etc.
·
Cambio en el rendimiento escolar.
·
Cambios notorios en la personalidad, ej. depresión, ira,
hostilidad, agresión.
·
Ideas o intentos suicidas.
·
Abuso de drogas o alcohol.
·
Fugas del hogar.
·
Conductas autodestructivas.
Reacciones directamente relacionadas con el Abuso Sexual
Infantil
·
Relato de abuso sexual de parte del niño.
·
Conocimiento y comportamiento sexual raro, sofisticado o
inusual.
·
Comportamiento seductivo manifiesto.
·
Juego sexual no apropiado para la edad.
·
Dibujos de naturaleza sexual.
·
Masturbación compulsiva.
·
Promiscuidad.
·
Prostitución.
·
Confusión en cuanto a la identidad y normas sexuales.
·
Repliegue de los amigos.
·
Desconfianza extrema.
3.4. Efectos diferentes en niños y niñas:
La ONG Rädda Barnen (Save the Children Suecia) creó en 1990
una clínica en Estocolmo para atender, fundamentalmente, a niños
varones víctimas de abusos y agresores, también varones, menores
de edad. Rädda Barnen considera fundamental priorizar la
atención a los niños por un motivo básico: a diferencia de las
niñas, los niños que han sufrido abusos sexuales tienden, a su
vez, a abusar de otros menores. Anders Nyman y Börje Svenson, de
la Boys Clinic (Clínica de Niños) de Rädda Barnen, subrayan que,
según los expertos, "uno de cada cinco varones que han sufrido
abusos sexuales agreden a otros. El abuso sexual es el cuarto
síntoma más común en los niños varones que han sufrido estas
prácticas".
La Organización Mundial de la Salud (OMS) baraja la misma
hipótesis: "Los niños que son víctimas de violencia o abusos
sexuales corren un alto riesgo de convertirse en agresores,
utilizar formas de abusos similares contra niños más jóvenes".
"Años más tarde", concluye la OMS, pueden incluso "utilizar la
violencia física contra los niños que están bajo su cuidado o
contra sus propios hijos"
.
La Lic. Hobecker del Centro de Atención a la Víctima de
Violencia Sexual señala, por su parte, que "las niñas tienden a
presentar más reacciones ansioso-depresivas y en los niños
tiende a objetivarse un fracaso escolar mayor y dificultades
inespecíficas de socialización y a repetir el abuso".
3.5. Mitos y verdades:
El abuso sexual infantil sigue siendo un tema tabú en torno
al que existen numerosas falsas creencias que contribuyen a
ocultar el problema y tranquilizar a quienes no desean
afrontarlo. Todas estas creencias erróneas deben ser superadas
si se pretende abordar de forma adecuada este tema.
En el cuadro que figura a continuación se enuncian algunas de
estas falsas creencias y, junto a ellas, la realidad sobre estas
prácticas.
FALSO
VERDADERO
Los abusos sexuales son infrecuentes.
1 de cada 5 chicos es abusado en Argentina
Se dan en niñas, pero no en niños.
Afectan más a las niñas, pero los niños también los
sufren.
Hoy se dan más abusos que antes.
Han existido en todas las épocas. Hoy sí existe una
mayor conciencia y sensibilización al respecto.
Los agresores son normalmente enfermos psiquiátricos
o viejos verdes.
La mayoría de los abusos los cometen sujetos
aparentemente normales, aunque no poseen valores
sociales o no saben controlar sus impulsos.
Sólo ocurren en ambientes especiales (pobreza, baja
cultura) y situaciones especiales (callejones
oscuros y durante la noche).
Están presentes en todas las clases sociales y
ambientes, aunque sí son más probables en
situaciones de hacinamiento o si existe un clima de
violencia familiar.
Pueden ocurrir en cualquier lugar y momento.
Los niños no dicen la verdad cuando cuentan que han
sufrido abuso sexual.
Los niños casi nunca mienten cuando dicen haber
sufrido abusos.
Las víctimas son normalmente chicas jóvenes que
visten seductoramente o niñas que se lo buscan.
El abuso sexual puede ocurrirle a cualquiera,
independientemente de la edad, sexo o forma de
vestir.
Si los abusos ocurrieran en nuestro entorno, nos
enteraríamos.
Muchas veces, las personas que sufren abusos tienden
a ocultarlo por vergüenza o miedo.
Los abusos sexuales van casi siempre asociados a la
violencia física.
El agresor no emplea siempre la violencia. En muchos
casos utiliza la persuasión o el engaño.
Si la madre de un niño se entera de que éste es
objeto de abusos sexuales, no lo permitirá y lo
denunciará.
No es infrecuente que las madres reaccionen
ocultando los hechos, sobre todo si el agresor es un
familiar.
Los menores pueden evitarlo.
Esto es verdad en algunos casos, pero en otros
muchos les coge por sorpresa, no saben lo que está
pasando, les engañan o les amenazan.
Los efectos son casi siempre muy graves.
No siempre es así.
4. Aumentan los abusos cometidos por adolescentes
Aún cuando los abusos sexuales a menores no son, en absoluto,
un fenómeno reciente, en los últimos años se están registrando
algunas tendencias novedosas. Por ejemplo, "existen indicios de
un incremento de los abusos cometidos por adolescentes y
jóvenes, asociado, entre otros factores, al abuso del alcohol".
Investigaciones recientes confirman que el 20 por ciento de las
violaciones son cometidas por menores de edad.
En muchas clínicas de Estados Unidos se está produciendo un
"incremento dramático en la cifra de agresores adolescentes que
agreden a otros niños", según el National Committee to Prevent
Child Abuse. Un estudio realizado en Liverpool revela, asimismo,
que la tercera parte de todos los agresores sexuales era menor
de 18 años, dato que coincide con los resultados de una
investigación efectuada a instancias del Departamento de Salud
Británico en 1992.
Claudia Del Torto coordinadora de la Fundación Crecer sin
Violencia enfatiza sobre este punto no solo en relación del
abuso sexual sino también en casos de violencia, razón que la
llevó a investigar la producción de ambas problemáticas en las
relaciones de noviazgo observando un preocupante aumento de
casos con finales más que trágicos, que a fuerza de insistencia
y de no resignación logró que, pese a su negativa, los
legisladores aceptaran plasmar e incluir dichas relaciones en la
ley 12569 sobre violencia familiar de la Provincia de Buenos
Aires.
5. El control social y la efectividad de las normas:
5.1. El abuso sexual frente a las normas constitucionales:
Las normas constitucionales aplicables a las distintas
situaciones de abuso del niño pueden dividirse en:
a)
Normas tendientes a consolidar un modelo de familia que respete
los derechos de sus componentes (cuando el abuso físico,
psíquico o sexual tenga lugar en un contexto de familiaridad o
parentesco.
b)
Preceptos consagratorios de derechos civiles que son vulnerados.
c)
Mandatos destinados a la visualización, investigación,
protección y tratamiento de los hechos abusivos.
d)
Disposiciones de rango superior que aseguran el acceso a la
justicia y un proceso judicial justo y eficaz ante las
denuncias.
5.2. En lo que sigue trataré de analizar cada uno de los
aspectos precedentes, a fin de demostrar que en la práctica su
cumplimiento es excepcional:
El abuso sexual lesiona distintos derechos fundamentales que
cobran mayor relevancia cuando la víctima es un niño, los cuales
se encuentran consagrados en la CDN y diferentes tratados y
pactos internacionales de raigambre constitucional:
Vida (
CDN, art. 6; Convención Americana sobre Derechos Humanos,
art. 4; Declaración Universal de Derechos Humanos, art. 3;
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre,
art. 1; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
art. 16).
Honra y Dignidad
(CDN, art. 16; Convención Americana sobre Derechos Humanos,
art. 11; Declaración Universal de Derechos Humanos, art. 12;
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre,
art. 5; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
art. 17).
Integridad
(Convención Americana sobre Derechos Humanos, art. 5).
Salud
(CDN, art. 24; Pacto Internacional de derechos económicos,
sociales y culturales, art. 12)
Libertad y Seguridad
(Convención
Americana sobre Derechos Humanos, art. 7; Declaración
Universal de Derechos Humanos, art. 3; Declaración Americana
de los Derechos y Deberes del Hombre, art. 1; Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 6).
Privacidad y correspondencia
(CDN, art. 16; Declaración Universal de Derechos Humanos,
art. 12; Declaración Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre, art. 10; Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos, art. 17). El derecho a la vida privada es
vulnerado por el abusador dado que para cometer el hecho
abusivo generalmente irrumpe en los ámbitos de privacidad
que le son propios (habitación, baño, etc.). Específicamente
con relación al derecho a la correspondencia Claudia del
Torto lo focaliza en su caso en la actitud tomada por el
padre abusador al destruir todos los escritos (historias,
poemas, etc.) en los que el niño plasma sus vivencias.
Educación
(CDN,
art. 28; Declaración Universal de Derechos Humanos, art. 26;
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre,
art. 12). En cuanto a este derecho se ve vulnerado dado que
el niño sintomatiza el abuso con problemas de aprendizaje y
además, en muchos casos, el trauma del proceso lo aleja de
la escuela.
La CDN impone al Estado distintas obligaciones:
Aquellas que aseguran la protección integral de la familia a
fin de resguardar al niño objeto de coacciones físicas o
psíquicas en el seno de ésta.
Aquellas relativas al proceso judicial: art.3: atender al
interés superior del niño y art. 12: derecho a ser oído.
Otras específicas propias del maltrato infantil en sus
diversas formas:
Artículo 19:
"Los Estados partes adoptarán todas las medidas legislativas
administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger
al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental,
descuido o trato negligente, malos tratos o explotación,
incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la
custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier
otra persona que lo tenga a su cargo"
Artículo 24 inc 3:
"Los Estados partes adoptarán todas las medidas eficaces y
apropiadas para abolir las prácticas tradicionales que sean
perjudiciales para la salud de los niños".
Artículo 34:
"Los Estados Partes se comprometen a proteger al niño contra
todas las formas de explotación y abusos sexuales. Con este fin,
los Estados partes tomarán, en particular, todas las medidas de
carácter nacional, bilateral y multilateral que sean necesarias
para impedir:
La incitación o la coacción para que un niño se dedique a
cualquier actividad sexual ilegal;
La explotación del niño en la prostitución u otras prácticas
sexuales ilegales;
La explotación del niño en espectáculos o materiales
pornográficos"
Artículo 36:
"Los Estados partes protegerán al niño contra todas las demás
formas de explotación que sean perjudiciales para cualquier
aspecto de su bienestar"
Artículo 39:
"Los Estados partes adoptarán todas las medidas apropiadas para
promover la recuperación física y psicológica y la reintegración
social de todo niño víctima de cualquier forma de abandono,
explotación o abuso, tortura u otra forma de tratos o penas
crueles, inhumanos o degradantes, o conflictos armados. Esta
recuperación y reintegración se llevarán a cabo en un ambiente
que fomente la salud, el respeto de sí mismo y la dignidad del
niño"
Pocas situaciones muestran tanta disparidad entre la letra de
las normas, aún constitucionales, y la práctica de las
instituciones como la existente con respecto al trato que
reciben los menores. Todo parece conducir más a una
victimización que al respeto del niño como sujeto de derechos,
es esto lo que trataré de dilucidar en lo que sigue:
Romper con el silencio no es tarea fácil, y más aún cuando el
abuso es cometido por un familiar. Se cree que si la noticia
trasciende la familia se derrumbará, por eso la opción más
viable es callar y en consecuencia el abuso continúa. El secreto
se torna cada vez más corrosivo, acabando lentamente con la vida
del niño que lo padece causando heridas difíciles de cicatrizar.
Pero cuando esa ley del silencia es quebrada las instituciones y
servicios sociales comienzan a mostrar sus falencia, el Estado
se muestra impotente para dar repuesta ante estos hechos
aumentando la humillación sufrida por los menores.
Los psicólogos recalcan el valor de la denuncia al ayudar al
menor a afrontar el abuso, dado que el no reconocer si condición
de víctima le puede reforzar su sentimiento de culpa, la
descalificación del trauma genera un trauma complementario. Sin
embargo, las trabas generadas por el sistema, la falta de
contención de las instituciones, la creencia de que la denuncia
no va a repara los daños causados y por sobre todo la
desconfianza en el sistema judicial llevan a que en Argentina el
abuso sigue siendo un problema que no logra alcanzar claridad.
La Lic. Mancebo, Jefa del Depto. de Servicios Sociales del
Hospital Tornú, sostiene que al momento de denunciar un caso de
abuso, como paso previo, el primer obstáculo con el que se
enfrentan es la Policía, " es cosa de todos los días tener que
pelearse con los oficiales para que se apuren, no se si lo hacen
porque creen que mentimos o porque no tienen ganas de trabajar",
recalca.
La Lic. Hobecker, del Centro de Atención a la Víctima de
Violencia Sexual y Claudia Del Torto sostienen que una vez
denunciado el hecho los profesionales comienzan a mostrar sus
incapacidades; "hoy son muy pocos los especialistas en violencia
y abuso infantil que están al frente de los organismos que
prestan asesoramiento, algo que es más que preocupante ya que
terminan por estigmatizar al niño".
En materia de agresión sexual intrafamiliar o de otras
personas que forman parte del entorno educativo o religioso del
menor, la penalización del agresor se justifica como una forma
de concientizar al victimario de que ha cometido un acto
reprobado por la ley y de asumir su responsabilidad. La
experiencia transmitida por los especialistas me demostró todo
lo contrario, la ley penal no es efectiva y el proceso judicial
agudiza el daño.
La investigación criminal somete al niño a una serie de
entrevistas, revisaciones y declaraciones provocándole daños
psicológicos irreparables. "Solo a los fines judiciales se lo
hace revivir recuerdos terribles olvidándose de su condición",
define el médico legista Alfredo Achaval.
Se observa en esta instancia una frustrante incredulidad e
incapacidad por parte de los profesionales implicados agravado
por la negación de los jueces a aceptar, en muchos casos, el
trabajo interdisciplinario imprescindible para afrontar el
problema.
Los jueces penales exigen comprobaciones más que rigurosas,
donde la palabra del menor es puesta en duda o ni siquiera
tenida en cuenta, donde los informes psicofísicos de los
profesionales no son los suficientemente valorados, donde las
pruebas fehacientes mágicamente son perdidas, donde la carencia
de medios económicos postergan las pericias, donde la justicia
demuestra su falta de sentido común tomando medidas y decisiones
que ponen en peligro a la víctima. Las penas en estas
circunstancias o no se imponen o llegan demasiado tardes por lo
que el abusador continúa libre aumentando el riesgo de la
víctima, de quién denunció y hasta de otros niños.
La madre denunciante con los años es convertida en victimario,
se la acuda de los más variados síndromes y se la somete a
psicodiagnósticos durante largo tiempo buscando ocultar la
realidad.
"Los abogados pretenden demostrarnos que ante este tipo de
situaciones la salida es el divorcio, y es ahí donde la
ignorancia de muchas mujeres se les vuelve en contra", dice
Claudia del Torto.
Y esto es más que cierto porque frente al abuso no probado (por
los jueces pero si por los psicólogos) o ante un juicio demorado
a la espera de obtener más denuncias y/o pruebas el padre
excluido del hogar con claros indicadores de abuso y con
sentencia de divorcio en frente se le otorga un régimen de
visitas. "La madre se encuentra atada de pies y manos por la ley
24270 pues antes de ir presa cumple con el régimen, lo que a su
vez la aleja de su hijo porque éste siente que lo defraudó",
insiste Claudia, al punto que tuvimos que organizar hogares para
proteger a las madres incumplidoras de la propia justicia.
Los tratamientos para los padres abusadores hacen agua pero
igual los jueces imponen la revinculación, con la cual se vuelve
a poner al niño al alcance de quien lo victimizó. Sin embargo,
esos jueces fundados en la Teoría americana del Síndrome de
Abstinencia Parental o Síndrome de Paz, en el derecho del niño
al contacto con sus padres, resuelven casos sobre los que no
tienen experiencia defendiendo el vínculo por sobre la
integridad del menor, prolongando su trauma con la imposición de
un contacto no querido.
Los especialistas en la materia solo consideran viable la
revinculación cuando el niño realmente está fortalecido para
encontrarse cara a cara con su agresor, capacitando para evaluar
el riesgo y sobre todo que el abusador haya sido sometido a los
tratamientos adecuados reconociendo y concientizándose del daño
que ha causado; de lo contrario el padecimiento del niño alcanza
a límites incomparables.
Obligar por todos los medios al menor a tener contacto con el
abusador por el solo hecho de ser su padre es, a pesar de las
consecuencias dolorosas que se derivan, el argumento de muchos
jueces.
Creo que está de más decir que en ninguna fase de ese proceso
los derechos del niño son respetados y mucho menos las
obligaciones asumidas por el Estado son cumplidas, la CDN se
convierte en letra muerta conduciendo al absurdo final de la
revictimización.
Surge así el maltrato institucional, que tiene lugar en las
siguientes situaciones:
1)
Falta de cuidados para quienes tienen a su cargo la atención
directa (síndrome de Burn-out para el profesional por falta de
contención, de supervisión, de rotación)Se lo revisa en sus
genitales, con lo cual se lo vuelve a violentar y estimular en
las misma zonas donde se supone que fue abusado.
2)
Se lo hace sentir confundido, avergonzado; pasando todo esto a
ser sentido por el niño como un castigo por su participación en
el acto prohibido.
3)
La mayoría de las veces, frente a la mera presunción de abuso,
se lo separa de su hogar como si él fuera el culpable de lo que
ha sucedido y por lo tanto se lo castiga con el ostracismo (en
los casos de incesto o de un familiar cercano conviviente)
4)
Se lo interroga y se trata de que declare como lo haría un
adulto, sin considerar que la palabra para un niño pequeño que
no ha desarrollado aún un pensamiento abstracto, necesariamente
es distinta que la de un adulto
5)
Se lo obliga a hablar de un progenitor o pariente con el cual
además de sentir enojo o temor, tiene una relación afectiva,
aunque a los entrevistadores esto los subleve y no lo entiendan.
6)
Se los trata de reubicar en instituciones donde pueden ser
violentados de peor manera.
7)
O se los dan en adopción en hogares sustitutos con padres
adoptantes que no saben que estos niños han atravesado una
situación traumática que no puede esfumarse por obra y gracia de
la adopción. Los adultos que van a cuidar de los niños suelen no
saber que ciertas conductas agresivas o sexuales de seducción
van a ser realizadas por el niño como parte de su proceso de
elaboración del trauma y que por eso forman parte de un intento
subjetivo de curación, que no debieran coartar sino entender y
acompañar sin hacerle sentir al niño que es una especie de
monstruo.
8)
Falta de credibilidad en los deseos del niño: el abuso del poder
profesional e institucional es lo que hace que ellos decidan qué
es mejor para ellos sin darse cuenta de que los niños bien saben
qué es lo mejor para ellos.
9)
Falta de seguridad y de protección: en servicios, instituciones,
profesionales. Las instituciones no tienen elementos de
prevención o de protección
10)
Desjerarquización de servicios especializados: la distribución
espacial en la institución coloca a la oficina del maltrato
infantil en el peor lugar, desjerarquizando al tema y al
profesional. El presupuesto asignado a esta tarea es siempre
inversamente proporcional al discurso de los funcionarios.
11)
Niegan la necesidad de especialización. Ausencia de tribunales
especializados.
12)
Dificultad para seguir casos médicos cautelares.
13)
Falta de sensibilidad de los jueces.
14)
Discrepancia de criterios para aplicar una misma ley.
15)
Vacío de protección legal para profesionales denunciantes.
16)
Ausencia sobre metodologías específicas.
17)
Falta de capacitación específica.
18)
Falta de programas para tratamiento de agresores.
19)
Falta de coordinación institucional.
20)
Falta de capacitación sistémica para profesionales.
21)
Insuficiencia de programas y de recursos.
En suma, todas estas circunstancias emergen en el intento de
paralizar el proceso de visivilización del abuso sexual infantil
que surgió después de la lucha ejercida durante las últimas
décadas.
Una lucha que sirvió para correr el velo que cubría con lo
"familiar", lo siniestro. Sirvió para que los gritos desgarrados
empezaran a hacerse oír.
Los reparos puestos por los jueces frente a la presión por el
temor a vulnerar los derechos del denunciado, la acusación
encubierta de estar siendo cómplices de una cruzada por destruir
la "sagrada familia", la respuesta violenta de sectores
reaccionarios que refuerzan los valores patriarcales constituyen
fuentes de ese frutal ataque que tiende a desarticular los
logros conseguidos. La mención del abuso sexual infantil parece
ser mayor delito que su consumación, inscribiendo a quién
intenta desmontar la violencia en el lugar del que la ejerce
activamente.
La respuesta a que el abuso no tiene que ser tolerado y que
la impunidad no es buena consejera es más violenta que la
violencia misma, lo cual queda evidenciado en:
·
el artículo que el Dr. Cárdenas publicara en La Ley (El abuso
de la denuncia de abuso), y en la cogida que ese texto tuvo en
los Juzgados como palabra santa salvadora;
·
el desempeño de APADESHI, la cruzada de padres reivindicando el
derecho de estar con sus hijos confirma la vocación de dominio;
·
las acusaciones y juicios contra los profesionales que se
dedican al tema;
·
la campaña que se dedica a ocupar estrados para convalidar y
difundir prejuicios.
Sin embargo, siento que hay gente dispuesta hoy a terminar
con ese poder que lo tiene todo menos la razón.
6. El abuso sexual en la escuela:
Los casos de abusos cometidos en la escuela por parte de los
maestros no son tan aislados como se los pretende calificar,
mostrando una vez más la inoperatividad del control que le cabe
ejercer al Estado en resguardo de los derechos de los niños y en
el cumplimiento de sus obligaciones.
Todos los maestros antes de pisar un aula deben pasar por un
examen físico y psíquico, que debe renovarse cada 5 años, hoy es
algo que no se cumple. Aunque, como manifiestan los
especialistas del Hospital Pirovano, éste solo sirve para
detectar neurosis y psicosis.
Frente a cualquier denuncia o sospecha el maestro debe
abandonar el aula, sin embargo este abandono se hace con
presunción de inocencia por lo que el maestro sigue cobrando el
suelo.
La Subsecretaria de Educación reconoce que el sistema educativo
público raramente despide a un maestro. Los sumarios que se
inician van a la Procuración General de la Nación que resuelve
la cuestión sin estar especializado.
El Ministerio de Educación se desliga totalmente de la cuestión
justificándose en que la facultad de sancionar corresponde a
cada provincia; mientras tanto la escuela deja de ser el mejor
lugar donde pueden estar los chicos.
7. Conclusión:
No se hacen debates en el Congreso ni se piensan medidas
urgentes para cambiar la situación. Sus historias irrumpen en
los medios de comunicación tan rápidamente como desparecen. No
se ocupan grandes titulares, salvo que el caso tome carácter
mediático, y son opacados por casos más resonantes.
Pero sin embargo, conforman una realidad inocultable: por cada
chico menor de 18 años que es acusado de un delito en la Pcia.
de Bs. As., hay otros dos que llegan a la Justicia como víctimas
de golpes o abusos sexuales. Además, de todos aquellos que no
trascienden ni siquiera del ámbito familiar.
Por eso a medida que me iba involucrando con la problemática
nacía en mi una gran indignación. Las situaciones que me
relataron colmaron mi capacidad de entendimiento, no podía ni
puedo comprender como la Justicia de Menores resulta, ante
estos, no solo ineficiente sino carente de cualquier signo de
humanidad, como las leyes se transforman en un arma de doble
filo causando la total desprotección de los niños provocando
daños irreparables.
No es mi intención volver sobre cuestiones que fueron
desarrolladas precedentemente, sino solo dejar plateada mi
postura al respecto. Me era fácil decir "pero la CDN le
garantiza el derecho o la ley dice tal cosa" hasta que una madre
en pie de guerra por recuperar la vida de su hija abusada por el
padre me expresó su dolor por tener que asesorar a otras madres
que tomen a sus hijos y desaparezcan de la faz de la tierra
porque la justicia no estaba capacitada para ayudarlas a
combatir el dolor y encontrar la solución.
El punto no es que el control social sea ineficaz, ni tampoco
que los recursos represivos sean inadecuados y menos aún que la
coordinación de los organismos asistenciales con el tribunal sea
deficiente, aunque esta es la trascripción de la realidad, me
parece que el problema más complicado es el de erradicar la
ideología que impulsa a los jueces a tomar decisiones; su falta
de lógica y sentido común que los aísla en un subsistema con sus
propios valores donde el niño pierde su condición de ser humano,
circunstancia por la cual puede ser objeto de un poder
manifestado de distintas formas por más daño y sufrimiento que
se le irrogue.
Es esta impresión que me queda del sistema, esa misma impresión
que me lleva a no abandonar mis metas, aunque deba combatir
constantemente el germen para evitar contagiarme, aunque
presienta que nada puede hacerse no puedo actuar indiferente
frente al dolor silencioso de un niño.
Sé que hay mucho que puede hacerse, pero también soy consciente
de que se requiere para lograrlo de una planificación estatal de
un Estado cada vez más ausente frente a los problemas sociales.
Pese a esto y porque creo en la capacidad y fuerza de muchos
que luchan por hacer las cosas bien, me permito enunciar algunas
posibles medidas que pueden ayudar a paliar la injusticia:
- PROGRAMAS DE PREVENCIÓN EN LA ESCUELA
Estos programas deben situarse en un contexto amplio que dé
una visión positiva de la sexualidad. Es decir, dentro de
programas de educación sexual bien planteados en los se deben
incluir aspectos relacionados con los abusos sexuales, para que
los niños y niñas conozcan que estos riesgos existen, aprendan a
reconocer los abusos, sepan resistirse a ellos y comuniquen a
sus familiares o educadores lo que les ocurre. También es
importante que los niños no se sientan culpables, estigmatizados
y sepan que pueden superar la experiencia y que los agresores
son personas que necesitan ayuda 4.
Hay que informar a los niños sobre los abusos sexuales, pero
también entrenarlos para que desarrollen ciertas habilidades que
les permitan enfrentarse de una forma adecuada a situaciones
peligrosas. Este entrenamiento debe desarrollar cuatro
habilidades básicas:
Enseñarles a decir "no".
Hay que propiciar que los niños expresen sus gustos e intereses
y sepan que pueden discrepar con la gente abiertamente, que
pueden pedir aclaraciones de las cosas y decir NO. NO a que
toquen su cuerpo y NO a que invadan su intimidad.
Enseñarles a identificar el abuso.
Muchas veces no son conscientes de lo que les está pasando.
Además, han aprendido que deben respetar las peticiones de los
adultos y cumplirlas. Por eso es necesario que sepan identificar
el abuso y diferenciarlo de otro tipo de contactos normales. Hay
que dejarles claro que no deben admitir contactos inadecuados
(los que tienen intención sexual o no les apetecen), pero sin
fomentar el miedo al contacto con los seres queridos.
Enseñarles a afrontar la situación.
No debemos pedirles que se resistan físicamente. Sólo deben
cuando sea posible parar al agresor. Es decir, en lugares donde
hay gente próxima que puede oírlos o cuando tienen la fuerza
suficiente para hacer frente al agresor, algo que puede ocurrir
en el caso de los adolescentes.
Romper el silencio.
Hay que enseñarles a que no guarden el secreto y a que se lo
cuenten a un adulto porque así podrá ayudarles a superarlo y
evitar que vuelva a ocurrir.
- FORMAR A LOS PROFESIONALES DE LA EDUCACIÓN Y DE LA SALUD
Es necesario llevar a cabo planes de formación de
profesionales de la educación y de la salud (médicos de familia
y de atención primaria, servicios sociales, psiquiatras y
psicólogos) para que puedan realizar intervenciones sociales,
educativas y terapéuticas adecuadas .
- REALIZAR PROGRAMAS DE PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LOS
AGRESORES
Los programas de prevención han venido trabajando con la
hipótesis de que los niños son sólo víctimas de estos abusos, no
posibles agresores. Este enfoque debe cambiar dado el aumento de
los abusos cometidos por menores. Los agresores son personas
que, a diferencia de las víctimas, necesitan tratamiento siempre
y, teniendo en cuenta factores como el alto grado de
reincidentes en este tipo de prácticas, no se puede trabajar
sólo con adultos.
- ESTABLECER UN SERVICIO COORDINADO DE ATENCIÓN AL NIÑO
Es fundamental que las diferentes instituciones relacionadas,
de una u otra forma, con el abuso sexual (juzgados, comisarías,
hospitales, servicios sociales, escuelas y centros de salud
mental) se integren y coordinen. La intervención en el abuso
sexual infantil requiere un enfoque globalizador.
La actual confusión y falta de distinción entre las diferentes
facetas del problema acarrea con frecuencia intervenciones
inadecuadas, contrarias al bienestar del menor.
8. Fuentes:
Lic. Ana Mancebo, Jefa del Depto. de Servicios Sociales del
Hospital Tornú.
Lic. Hobecker, coordinadora del Centro de Atención a la
Víctima de Violencia Sexual de la Policía Federal.
Claudia del Torto, coordinadora y fundadora de las
instituciones Crecer sin Violencia y Red de Madres.